
El 24 llegó y se fue en una especie de remolino de estrés y malestar estomacal. La noche terminó en un paseo a la diez de la noche con un nerviosillo Thor, mientras medio mundo se deshacía en pólvora sobre nosotros.
El 25 decidí acabar con mi melancolía: me lancé en una travesía alocada para llegar hasta donde estaba F. No sé si fue porque era Navidad, pero todo salió como esperaba y pude estar casi ocho horitas con él. Le llevé algunas cosas que le hacían falta y hablamos de todo y de nada... la alegría de vernos compensó todo el gasto, el cansancio, el haber dejado sola a la manada con un "pet-sitter" que fue en la noche y la mañana.
Nos sentimos como en una propaganda de tarjeta de crédito y bien que valió la pena.
Él está bien, trabajando muchísimo y hasta más lindo de cuando se fue ¿será posible? ;-) Me gustó mucho volver a caminar de su mano y abrazarlo. Irónicamente no hubo una cena espectacular, apenas dos vasos de chicha se nos antojaron...
El tiempo voló y a las 5:33 am nos despedimos, en una madrugada llena de cantos de pajaritos frente al mar. Yo salí media hora después y llegué en la tarde a mi casa. La manada esperaba expectante y todo seguía igual, menos yo, que ahora estoy feliz, feliz!!
Recibí lo que había pedido a Santa, o sea que me he portado muy bien :D